
- Hoy más que nunca, en todos los territorios latinoamericanos y ciudades de la región, los modelos de financiación de nuevas soluciones que den respuesta a contingencias globales son el factor más importante y prioridad número uno para ser implementadas.
- Se debe pensar en soluciones más policéntricas como una oportunidad importante en América Latina, donde la transformación urbana esté más orientada hacia barrios y ciudades pequeñas en lugar de sólo estar enfocada en proyectos en grandes ciudades.
- Las ciudades inteligentes han pasado de lo estrictamente tecnológico a tener una visión mucho más transversal de gestión humana y sostenible y ser un factor clave de resiliencia.
- Todos los esfuerzos urbanos deben estar vinculados a una mejor gestión de la salud pública. La ciudad debe funcionar como contenedora de una pandemia y no como propagadora de ésta.
- Se ha roto la falsa dicotomía entre la biodiversidad y la ciudad digital, por lo tanto, es la oportunidad de ofrecer soluciones integrales para que, entre estos dos flancos de la ciudad, se puedan potencializar el resto de las capas urbanas.
- La toma de decisiones debe regresar más a lo local. Las empresas y gobiernos latinoamericanos deben prepararse para desarrollar soluciones y generar valor desde la demanda de lo local y no desde la oferta de lo global.
- Dinamizar alianzas para la innovación local entre los diferentes agentes de transformación tanto públicos como privados.
- La digitalización de nuestra sociedad se ha acelerado; las formas de consumo, el teletrabajo, la educación y la oferta de servicios urbanos avanzará hacia una transformación sin precedentes.
- Hablamos de reincorporarnos y reactivar la economía, sin embargo, es muy importante hablar, ahora más que nunca, de la reconversión socioeconómica y para eso necesitamos en todos los niveles, en lo personal, empresarial, gobernanza y urbano, espacios de reflexión para saber exactamente cómo ser resilientes, qué cambiar, ajustar e inventar, pues no habrá marcha atrás.
- Las ciudades con innovación, tecnología y una cultura colaborativa pueden tener una gestión más digna. La pandemia ha evidenciado que, sin el uso de estas tres herramientas, particularmente en Latinoamérica, no podremos alcanzar mejores entornos para vivir y recortar las brechas sociales y económicas que sufren nuestras urbes de la región.
Hoy más que nunca y a la luz de la pandemia por COVID-19 y lo que ésta ha traído consigo, es preciso tener en cuenta que nuestro futuro como pueblos latinoamericanos podría tener un mucho mejor pronóstico si los proyectos tecnológicos y basados en la modernidad digital se pusieran al servicio de las necesidades de los miembros de las distintas comunidades, partiendo desde el compromiso de éstos últimos con una visión de bienestar compartida.
Teniendo en cuenta estas diez tendencias, los gobiernos de cada región tendrían que enfocar su mirada en lo particular (los grupos humanos más pequeños en los que se divide la población para la que trabajan) para incidir en lo general de manera más firme y con resultados más claros y duraderos; dentro de sus partidas presupuestarias y proyectos de financiamiento tendrían que incluirse propuestas que ayuden a construir un piso parejo para todos: esto en temas de educación, salud, acceso a los recursos naturales, los servicios, la infraestructura, los derechos humanos, las oportunidades laborales y un largo etcétera.
De esta manera, podemos concluir que el éxito de los cambios a implementar en nuestras naciones, basados en las presentes pautas, depende en gran medida de una combinación adecuada de elementos humanos y tecnológicos, todos los cuales deberán contribuir a la equidad de oportunidades y la prosperidad para todos.